Escalada sin freno: Milei y Lula cruzan acusaciones e incendian la relación bilateral
El pasado 26 de julio, el presidente Javier Milei viajó a San Pablo junto a su hermana Karina Milei, el secretario de Finanzas Pablo Quirno y el cónsul argentino en esa ciudad, Luis María Kreckler, para participar de la Convención Nacional del Partido Liberal. Durante su intervención, lanzó duras descalificaciones contra el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, a quien calificó de "ladrón", "corrupto", "presidiario" y "basura socialista". También apuntó contra el ministro del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes, al que llamó "basura calva".
De regreso en Buenos Aires, el mandatario argentino redobló la confrontación al afirmar que Brasil fue responsable del 25 por ciento de la campaña "antiargentina" en redes sociales durante el Mundial de Clubes disputado en Estados Unidos. Sus declaraciones provocaron una inmediata reacción diplomática del gobierno brasileño: el canciller Mauro Vieira convocó de urgencia al embajador argentino Daniel Raimondi, difundió un comunicado de rechazo y llamó a consultas al embajador de Brasil en Buenos Aires, Julio Bitelli, dejando la representación diplomática a cargo del encargado de negocios Eduardo Uziel. La tensión comenzó a ceder el 30 de julio, cuando, tras una reunión entre Lula, Vieira y Bitelli, el gobierno brasileño autorizó el regreso del embajador a la Argentina, aunque sin precisar una fecha para su retorno.
En paralelo, Milei profundizó sus cuestionamientos al sostener que la liberación de Lula no respondió a su inocencia, sino a una cuestión estrictamente procesal. En ese marco, recordó las condenas que el líder del Partido de los Trabajadores recibió en 2017 y 2019 —de nueve años y medio y doce años de prisión, respectivamente— por causas vinculadas a corrupción, las cuales derivaron en 580 días de encarcelamiento entre 2018 y 2019.
Sin embargo, el escenario judicial cambió por completo en marzo y abril de 2021. En ese período, el juez del Supremo Tribunal Federal Edson Fachin, con el respaldo de la Corte Suprema por ocho votos contra tres, anuló las condenas al concluir que el tribunal federal de Curitiba no tenía competencia para juzgar esos expedientes, que debían tramitarse en Brasilia.
Frente a la creciente escalada de tensión, Lula respondió con firmeza durante un acto del Partido de los Trabajadores en el estado de Ceará. Allí aseguró que, mientras siga con vida, la extrema derecha no volverá a gobernar Brasil y desafió a sus adversarios al afirmar que podían recibir el apoyo de quien quisieran, en alusión directa a Donald Trump y Javier Milei. Sus declaraciones se produjeron en un contexto de creciente actividad política del Partido Liberal, que ya proyecta a Flavio Bolsonaro como su candidato presidencial para las próximas elecciones.
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