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Borracho chocó y mató a un abuelo y su nietito: la hora de la justicia

El viernes 10 de abril, después de seis años, comienza el juicio. En enero de 2020 provocó el sangriento siniestro vial en Paso de la Patria. Al comando de una camioneta, embistió y arrastró a las víctimas. Tras provocar la tragedia, huyó del lugar sin prestar auxilio. La Policía lo atrapó. El test de alcoholemia practicado por los inspectores municipales arrojó 1,57 mg/l de alcohol en sangre; es decir, estaba totalmente ebrio.
DIEGO, NEHUEL Y ABEL, EN UN MOMENTO FELIZ DE SUS VIDAS.

 

 

El agua da hambre. Y a Nehuel, que pasó todo el día en el río, la pancita le hacía ruido. Cerca había una hamburguesería y hasta allí fueron el pequeñito, de cuatro años, su papá Diego y su abuelo Abel. Eran unas vacaciones perfectas. Los Enríquez llegaron hasta Paso de la Patria desde Rosario y los días que les tocaron fueron estupendos. Eran casi las 10 de la noche. Estaban cansados. Es que el agua los dejó exhaustos. El niño jugaba mientras caminaba y tomaba las manos de sus seres queridos. Quizá el cariño de aquellos que tanto lo querían fue lo último que sintió en esta vida terrenal. Una camioneta, al mando de un conductor totalmente borracho los chocó desde atrás. El cuerpito del niño se quebró. Cerca de él también cayó su abuelito, quien tampoco pudo resistir la gravedad de las heridas. Su papá se salvó de milagro. El hombre, mientras sostenía los cuerpos de sus seres amados negándose a aceptar el macabro destino, veía cómo la camioneta asesina huía.

La noche del 17 de enero de 2020 quedará marcada por el dolor del sinsentido. Una camioneta se transformó en un arma letal y la borrachera de su conductor en la munición homicida que se llevó dos vidas amadas.

Marcelo Sebastián Rodríguez también estaba de vacaciones en Paso de la Patria. Llegó desde Charata, Chaco. Pasó la tarde bebiendo junto a un grupo de amigos en la casa en la que se hospedaban. En un momento, tomó "prestado" una camioneta (Volkswagen Amarok, dominio AA 472 SW, color blanca propiedad de Alfio Roldán) con la idea de comprar algunos productos para continuar con la noche de farra.

 

 

 

Tomó la avenida Virgen de Itatí, sendero de la clásica tierra mezclada con arena de la villa turística. Iba junto a un amigo (Alejandro Kifle) a unos 60 kilómetros por hora (velocidad que se desprende de los peritajes). Vaya uno a saber qué estaba haciendo en el momento que llegó a la intersección con la calle Curuzú Cuatiá. "Era de noche, yo no los vi cuando los choqué", comentó Rodríguez en su declaración ante la Justicia. ¿Tampoco se habrá dado cuenta de que tras el choque arrolló y arrastró al abuelo debajo del rodado que conducía? "Me di cuenta que había chocado algo, pero en ese momento estaba mareado", fue la excusa esgrimida.

"Quise parar más adelante, pero como vi mucha gente me fui nomás", dijo Rodríguez junto a sus abogados en su declaración. En simple castellano, huyó del lugar y de la tragedia que provocó sin siquiera preocuparse por las víctimas de su inconciencia. No fue muy lejos. Efectivos policiales lo atraparon cerca del lugar del siniestro. Llegaron los inspectores municipales y le hicieron el control de alcoholemia. El test arrojó 1.570 mg/l de alcohol en sangre (en Paso de la Patria la Ordenanza establece Alcohol 0 al volante). En pocas palabras: estaba totalmente borracho.

El estado de la camioneta no dejó evidencia alguna de lo macabro del impacto. Los faros delanteros tenían daños, la parrilla y el logo de la marca estaban rotos, se hallaron deformaciones en la tapa del capot y en la chapa patente. El lateral frontal izquierdo y la parte inferior del paragolpes tenían roturas. Además se constataron signos de roce y arrastre y en la parte anterior de la rueda trasera derecha se observaron manchas rojas (sangre).

Quedó preso… pero solo un tiempito. Para calmar el enojo, el Juzgado de Instrucción que entendió en el sangriento episodio ordenó su detención. Pero, en abril de ese mismo año, la Cámara de Apelaciones de la Provincia ordenó la excarcelación del chaqueño.

Con el correr del expediente judicial, Rodríguez solicitó el beneficio de suspensión del proceso a prueba. Es decir, hacer tareas comunitarias y así evitar el juicio. La negativa de los padres de Nehuel, Diego Abel Enríquez y Nanci Mirian Altamirano, fue contundente.

El texto presentado por el abogado que representa a los padres del niño, José María González, apuntó que Rodríguez "se limitó a proponer la realización de tareas no remuneradas en el Centro Integrador Comunitario de la Municipalidad de Corzuela, Provincia de Chaco. Ello constituye una simple regla de conducta, pero de ningún modo satisface el concepto de reparación".

 

 

 

La hora de la verdad

 


La Justicia no suele ser lo rápido que se espera. En esta oportunidad tuvieron que pasar seis años para que Rodríguez enfrente las consecuencias de sus actos.

El próximo viernes, 10 de abril, iniciará el juicio por la muerte del abuelo Abel y su nietito Nehuel. Rodríguez está acusado de doble homicidio culposo causado por la conducción imprudente y antirreglamentaria de un vehículo automotor triplemente agravado por darse a la fuga, por su estado de ebriedad y por la existencia de más de una víctima fatal.

Rodríguez puede recibir una pena de hasta seis años de prisión. Sin embargo, si la sentencia no supera los tres años, la condena sería condicional; es decir, puede quedar en libertad.

Conducir en estado de ebriedad, embestir a un abuelo y a su nieto, causarles la muerte y luego darse a la fuga revela un desprecio total por la vida. Una condena no regresará al abuelo y su nietito, pero la Justicia podrá dar un claro mensaje: esta conducta no puede ser tolerada.

 

 

 

Información

Diario Epoca

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